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EMPODERAMIENTO FEMENINO, ¿CÓMO LOGRARLO?

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Empoderamiento
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El empoderamiento femenino es una lucha continua y todas las mujeres deberíamos preocuparnos por lograrlo. No es fácil, pero sí muy necesario. ¿Quieres saber qué es y cómo lograrlo? Sigue leyendo.

¿Qué es el empoderamiento?

El empoderamiento es una palabra que seguramente has escuchado con frecuencia y que piensas que sabes su significado. Sin embargo, es un término del que tal vez solo conoces la superficie.

Piensa en un grupo de personas que comparten algo en común, eso hace que ese grupo sea una comunidad. Ahora, si esa comunidad se siente disminuida, alienada o discriminada no tendrá los mismos derechos que las otras comunidades.

Pues bien, el empoderamiento se refiere a procesos con los que se busca crear o aumentar la participación de los individuos y comunidades de forma que puedan tener un puesto dentro de la sociedad digno y con igualdad.

Estos procesos van desde la concientización del problema hasta la creación o modificación de leyes para solucionarlo. Un punto importante es que estas comunidades deben tener confianza en sí mismas y su valía para que emprendan estas acciones.

¿A qué se refiere el empoderamiento femenino?

Para la mujer, el empoderamiento femenino trata sobre la capacidad que tienen los individuos de transformar el ahora para que pueda tener una participación decisoria sobre su futuro, su día a día y sus posibilidades. Fue acuñado durante la Conferencia Mundial de las Mujeres de 1995, celebrada en Pekin.

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Todas sabemos que hoy día tenemos muchas más libertades que generaciones anteriores pero el que hoy estemos mejor que antes no significa que debamos conformando. Aún existen muchos temas en los que avanzar para que nuestra vida esté verdaderamente en nuestras manos.

El empoderamiento femenino se dedica a generar un cambio. Un cambio que principalmente debe darse a nivel de conciencia de mujeres y hombres. Un cambio a nivel de paradigma de la sociedad donde la mujer está en casa y cría los hijos. Un cambio a nivel económico pues se nos paga menos por ser mujeres. Un cambio verdadero para que las mujeres tengamos las mismas posibilidades de superación que el hombre.

Historia del empoderamiento de la mujer

Si revisamos la historia, la mujer carecía de voz, de participación y de importancia frente al hombre. Desde la casa hasta la participación social, la mujer no tenía un rol que le permitiera tomar decisiones, solo obedecer.

No fue sino hasta la Segunda Guerra Mundial cuando la mujer empezó a tener un avance en el aspecto laboral. Tristemente, no porque se le reconociera como igual sino por la necesidad de cubrir puestos laborales. La guerra requería de los hombres en el campo de batalla y esto significaba un montón de puestos de trabajo vacíos.

¿Qué hicieron? Pues las incorporaron en la industria de guerra para trabajar en fábricas y plantas de municiones, buques, aeronaves y autos. De ahí salió la famosa imagen d Rosie la remachadora:

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Otras trabajaban como enfermeras, en granjas y algunas se enlistaron en las fuerzas armadas de los países que lucharon. Al finalizar la guerra, las mujeres contaban con habilidades que cultivaron en sus distintos puestos de trabajo y esto significaba que podían tener un trabajo remunerado.

Sin embargo el estereotipo de la mujer como ama de casa seguía vigente y se veía con malos ojos a una mujer que no prefería estar en casa para atender los quehaceres, los hijos y su esposo.

El empoderamiento femenino y el voto

Movimientos como las Sufragistas que lucharon por el derecho al voto femenino también sirvieron de palanca para cementar los cambios en el rol político y social de la mujer. Las mujeres trabajaban, se veían afectadas por las decisiones del gobierno pero no se les dejaba votar en las elecciones.

En Francia muchas mujeres marcharon y protestaron para que el voto fuera un derecho de todas las mujeres mayores de edad y lo lograron. En Chile el debate se inició en los años 20. Fue en que se otorgó el derecho al voto a mujeres en elecciones municipales y en 1949 la posibilidad de sufragar en elecciones parlamentarias y presidenciales.

La Ciudad del Vaticano es, actualmente, el único país donde no se admite el voto femenino pues solo se puede postular y votar los cardenales.

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Áreas del empoderamiento femenino

Individual: todo empieza a nivel de una persona. Es necesario que cada mujer lograra sus luchas internas sobre lo que realmente es lo que quiere hacer y diferenciarlo de lo que la sociedad espera de ellas. Es reconocer que si no se sigue el estereotipo impuesto no quiere decir que estemos equivocadas.

Social: la mujer no tiene por qué ser el complemento del hombre, es un ser completo y capaz de participar. Es parte de la sociedad y por eso debe ser posible que esté involucrada en las decisiones que se toman sobre ella.

Económico: desde la libertad financiera, hasta puestos de trabajo con remuneración igualitaria por la misma carga laboral. Hemos avanzado mucho en este aspecto pero seguimos siendo discriminadas por los tiempos que tomamos al ser madres o estar en edad fértil.

¿Cuáles son los principios de este empoderamiento?

La ONU Mujeres en conjunto con el Pacto Mundial de las Naciones Unidas elaboraron una lista de prácticas para empoderar a las mujeres, acá te la resumimos en 3:

  • Incentivar la igualdad de género
  • Mantener un trato equitativo en el trabajo para hombres y mujeres
  • Fomentar la educación y formación de los trabajadores por igual

La ONU asegura que hay muchos beneficios de seguir estos principios y nosotras estamos de acuerdo.

¿Cómo lograr el empoderamiento femenino?

El trabajo de empoderar mujeres no recae solo sobre los hombros de las mujeres. Tal como ocurre con otras luchas de derechos o en contra de la discriminación, es la sociedad como colectivo que debe transformarse.

El primer paso lo damos nosotras tomando conciencia de lo que valemos y luego la sociedad debe reconocerlo e implementar prácticas de empoderamiento femenino.

Digamos que la idea principal se resume en los verbos:

  • Tener: ser propietario de bienes, en igualdad de condiciones. Tener recursos económicos propios, poder adquisitivo.
  • Saber: recibir una educación de calidad y sin sesgos por nuestro género. Formación y para la superación intelectual y laboral.
  • Poder: sobre nosotras mismas, decidir lo que queremos hacer y cómo queremos vernos. Poder sobre nuestro entorno y el rol que jugamos dentro de él.

Si logramos eso, entonces ya tenemos el terreno ganado. Las mujeres empoderadas son dueñas de su imagen y su ser. Deciden si quieren o no casarse, dejando de lado lo que la sociedad y la tradición dice. ¿Es menos empoderada la mujer que se casa? Siempre que lo haga porque ella quiere, no. ¡La decisión de tu vida está en tus manos!

Parte de la razón por la cual quise formar parte de Ser Yo Misma, es porque ofrece una plataforma para incentivar acciones de empoderamiento femenino, amor propio y feminismo. Toda deberíamos trabajar cada día en esto.